#HistoriasDiarioSur
Autor: DiariodePuertoMontt.cl , 19 de febrero de 2021

A 56 años del aluvión del Lago Cabrera

Atención: esta noticia fue publicada hace más de 17 días
La cruz del lago Cabrera es el mudo testigo que recuerda a las 28 víctimas de este alud acaecido hace 56 años.
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[#HistoriasDiarioSur] Una de las peores tragedias de la provincia de Llanquihue ocurrieron en un sector de la comuna de Hualaihué. Veintiocho personas perdieron la vida en un alud donde sólo se encontró un cuerpo, el resto desaparecieron para siempre.

A veces el ser humano cree que ha domado a la naturaleza porque su manifestación no es apreciada en un simple amanecer o una puesta de sol, a veces los seres humanos necesitamos una catástrofe natural para darnos cuenta que somos parte de la naturaleza como el resto de los seres vivos. Eso ocurrió con un triste hecho que se llevó la vida de 28 personas que vivían a las orillas del lago Cabrera, 10 kms. al norte del pueblo de Hornopirén y que hoy se recuerda como la tragedia del lago Cabrera.

Un aluvión de tierra y piedra, como un torrente imparable, sepultó a un asentamiento humano que se estaba levantando a orillas del lago Cabrera, en la comuna de Hualaihué. Fue en la madrugada del 19 de febrero de 1965, hace 56 años, cuando la naturaleza se manifestó.

El lago Cabrera es un cuerpo de agua cordillerano de difícil acceso, que se encuentra a 530 metros sobre el nivel del mar, en los faldeos de los volcanes Yates y Hornopirén. Durante la primera mitad del siglo XX, el lago empezó a ser poblado por familias que se dedicaban a la extracción de madera en el sector, principalmente alerce.

Había muchos tejueleros, oficio hoy casi desaparecido, quienes levantaron sus casitas en medio de un paisaje idílico, aunque la vida era difícil por el clima invernal.

UN GRAN ESTRUENDO

De acuerdo a relatos de sobrevivientes, a altas horas del 19 de febrero se despertaron sobresaltados con un ruido que se asemejaba a un estallido ensordecedor y que, con la complicidad de la noche, se hizo más aterrador.

Con la luz del día se descubrió un deslizamiento de toneladas de rocas, barro y árboles proveniente del volcán Yates que generaron una ola de al menos doce metros de altura que sepultó cuatro casas y tres viviendas menores que estaban ubicadas en el lado suroeste del lago, desapareciendo niños, adultos y familias enteras.

El primer reporte anunció la muerte de 26 personas y de 10 sobrevivientes. En el listado oficial de fallecidos y desaparecidos figuraron Baldomero Juan Uribe Mansilla, Zoraida Mansilla Agüero, Teófilo Uribe Mansilla, Juan Uribe Mansilla, Matilde Uribe Mansilla, Zenaida Uribe Mansilla, Nora Uribe Mansilla (7 años), Baldomero Uribe Mansilla (5 años), Raúl González, Patricio González Uribe (2 años), Jaime González Uribe (1 año), Humberto González Uribe (5 años), Manuel González Uribe (4 años), Tomás González Uribe (3 años), Juan Audilio González, Isaías Cárdenas Gallardo, Carmela Uribe Mansilla, Juana Cárdenas Uribe (15 años), Ana Cárdenas Uribe (12 años), Amalia Cárdenas Uribe (7 años), Isaías Cárdenas Uribe (5 años), Marcelino Mansilla Mansilla, Secundino Mansilla Gallardo, María Mansilla Gallardo, Alberto Serón Vargas y Floridor Serón Peranchiguay.

Posteriormente una vecina del lugar al momento del derrumbe, consignó a dos víctimas más: Raúl González Uribe y un menor de edad recién nacido días antes de la tragedia, hijo de Zenaida Uribe.

Al día siguiente de la tragedia se encontró el cuerpo de Zoraida Mansilla y sus funerales se realizaron en la isla Llancahué,​ mientras que las demás víctimas nunca fueron encontradas.

IMPACTO

En 1965 no existía aún la Carretera Austral por lo que toda la ayuda provino de Puerto Montt v​ía marítima y aérea con participación en los procedimientos de la Armada, Carabineros y la Fuerza Aérea de Chile, mientras que a la zona de catástrofe acudieron autoridades provinciales y nacionales.

De acuerdo a el diario El Llanquihue de Puerto Montt en una crónica publicada el 25 de febrero de 1965 describía de esta forma el panorama: “Donde hasta hace algunos días existió un hermoso vallecito poblado de gigantescos árboles y junto a los cuales se alzaban varias habitaciones de modestos campesinos que vivían dedicados a la explotación maderera, hoy se observa un panorama de completa desolación y muerte. Veintiséis personas, niños y adultos, desaparecieron tragados por el gigantesco alud de piedras, barro, árboles y nieve que bajó por uno de los faldeos del volcán Yates, cubriendo todo ese valle y derramándose sobre la tranquila laguna Cabrera, cuyas aguas se encargaron de completar la tragedia”.

La consecuencia geológica del desastre hizo desaparecer a los ríos Blanco y Sin Nombre que alimentaban al lago e hizo aparecer un nuevo curso conocido como estero El Derrumbe. La línea de ribera del lago se desplazó un máximo de 250 metros y en el sector noreste del lago se formó una barrera que dio origen a una pequeña laguna de unas 45 hectáreas, conocida como «Las Vacas».

La prensa nacional se hizo presente para cubrir el desastre, en especial revistas que publicaron varias fotografías que evidenciaban el grado del aluvión y la desesperación de los sobrevivientes que perdieron a sus familiares.

En 2005 se instaló una cruz de madera y una animita de madera que recuerda a las familias que perecieron en la tragedia, en el lugar donde estaban las viviendas. Todos los años la comunidad indígena del lugar realiza una procesión para recordar a las víctimas y los sobrevivientes rememoran situaciones de personas que pudieron salvarse del desastre y de otras que decidieron viajar a otras ciudades y se salvaron sin proponérselo de este desastre.

 

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