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Por Claudia Wool , 5 de febrero de 2026 | 14:18

Tejiendo sobre ruedas: Gigantes de fuego y molinos de cristal

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Vista panorámica de los molinos de Consuegra, España, lugar desde donde Claudia Wool reflexiona sobre la contingencia nacional en su columna "Tejiendo sobre ruedas"
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Atrapada por el temporal en La Mancha, Claudia Wool reflexiona sobre los "gigantes" que azotan al sur de Chile. Una mirada quijotesca sobre cómo las distracciones mediáticas ocultan las urgencias reales en Los Ríos, Los Lagos y Magallanes.

Por Claudia Wool*

Desde ayer estoy aquí, refugiada en mis 14 metros cuadrados sobre ruedas, mientras la península ibérica se sacude bajo el paso de las borrascas que han marcado este inicio de febrero europeo. La AEMET (Agencia Estatal de Meteorología de España) ha activado avisos por vientos que superan los 70 km/h y lluvias intensas en gran parte de Castilla-La Mancha. Vine a Consuegra buscando el sol calcinante que, según la leyenda, secó el cerebro de Alonso Quijano, pero me he encontrado con una estampa que bien podría ser un invierno crudo en el canal Tenglo o en las costas de Valdivia.

Desde mi ventana, los doce famosos molinos del Cerro Calderico son siluetas fantasmales bajo una cortina gris. Es una ironía que Cervantes habría disfrutado: viajar miles de kilómetros hacia la "tierra seca" (traducción del árabe la Mancha) para quedar atrapada por un temporal que me impide ver el mito. Consuegra no es solo un decorado literario; es un bastión de historia. A un costado de los molinos se alza el Castillo de la Muela, una fortaleza de la Orden de San Juan que vigila la llanura desde la Edad Media. Aquí, el viento no solo mueve aspas, sino que transporta el aroma de la Rosa del Azafrán, ese "oro rojo" que nace de una flor tan delicada como resistente.

Esa dualidad —la fortaleza de piedra frente a la fragilidad de la flor— me hace pensar en nuestra propia resiliencia sureña y en la "locura" necesaria para enfrentar la realidad actual.

La filosofía de la triste figura

Cervantes no escribió una burla simple; escribió un tratado sobre la voluntad. Don Quijote no estaba loco por ver gigantes donde había molinos; su verdadera "locura" era su negativa a aceptar un mundo mediocre. Su máxima, “Yo sé quién soy”, es el grito de quien decide su identidad por encima de lo que la sociedad le impone.

El problema es que hoy, en nuestra macrozona sur, parecemos estar sufriendo una "Sanchificación" colectiva en su peor versión: nos quedamos con la mirada pegada al suelo, preocupados por la noticia más ruidosa, perdiendo la capacidad quijotesca de distinguir entre lo que es un problema real y lo que es mero espectáculo.

Los gigantes del sur

Mientras espero que el cielo español me dé tregua, leo con angustia los portales de mi tierra. Los gigantes reales no son de madera; son de fuego, sangre y abandono:

En Puerto Montt: Los incendios en Panitao Bajo nos recordaron que el gigante del fuego no da tregua. Es un monstruo real que Senapred nos avisa por el celular, devolviéndonos a la fragilidad de nuestro entorno.

En Los Ríos: El horror se instaló en Riñinahue, donde un crimen de una violencia inenarrable nos muestra que la descomposición social es una "borrasca" moral que ninguna ley parece frenar.

En Magallanes: El gigante es la desidia burocrática. Proyectos vitales de gestión de residuos o conectividad quedan atrapados en engranajes administrativos mientras el entorno prístino que tanto promocionamos se ahoga en sus propios desechos.

Molinos de cristal y distracciones

¿Y qué hacemos nosotros? Arremetemos contra molinos de cristal. Gastamos galones de tinta digital discutiendo si Enrique Paris merece ser "Hijo Ilustre" en el aniversario de Puerto Montt, o nos perdemos en el morbo de la última ruptura de Carla Jara o los dardos de la farándula santiaguina.

Son molinos que giran rápido y hacen ruido, pero no muelen trigo. Nos distraen mientras los buses que conectan nuestras ciudades —como el fatal accidente del Turbus que salió desde Puerto Montt esta semana— nos advierten que vamos por la ruta equivocada, distraídos con la pantalla y ajenos a las condiciones del tránsito real.

El retorno a lo esencial

En la novela, la derrota final del héroe ocurre frente al Caballero de la Blanca Luna, quien lo obliga a retirarse a su casa y abandonar sus sueños. No fue la locura lo que lo mató, sino el peso de una realidad cruda y sin ideales.

Como ciudadanos del sur no podemos permitirnos ese retiro. Necesitamos recuperar esa nobleza quijotesca: la capacidad de mirar por encima de la lluvia y ver dónde están los incendios que realmente hay que apagar. Sigo esperando que el temporal amaine en La Mancha para recorrer esos doce molinos que inspiraron a Cervantes, sabiendo que, ya sea bajo el viento de Castilla o el puelche de nuestro sur, la vida se trata de saber quiénes somos antes de que el próximo temporal nos arrebate el camino.

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*Claudia Wool es artista textil, periodista y nómada. Actualmente atraviesa Europa en su casa rodante, tejiendo historias que conectan la estepa manchega con el alma del sur chileno.

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